El Entrenar en la Liga Española

Entrenar en el extranjero no es tarea sencilla. El fútbol es más global que nunca, la igualdad es evidente y los métodos son compartidos a pesar de cada mister tenga su libreto. Sin embargo, la fuerza del mensaje y la adaptación de tus ideas como preparador a las de una liga diferente necesitan de un tiempo que la propia competición niega, pues debe puntuarse mientras se construye un camino.
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En clave liga española, con Vincenzo Montella como último gran exponente, comprender las particularidades del campeonato español ofrece ventajas. No es la liga del físico y sí la de la técnica, pero sobre todo, es la liga del balón. Y sus consecuencias tácticas.
La barrera cultural e idiomática que entrenadores como David Moyes y Gary Neville afrontaron fue demasiado insalvable para poder solucionar problemas o entender contextos. Esa inconexión para explicar y transmitir sus ideas estuvo relacionada con las dificultades que sus equipos encontraron para incorporarse a los ritmos del fútbol español y de su competición liguera. En el fútbol de hoy, crear experiencias a través del discurso ayuda a ganar tiempo, a defender argumentos, a fomentar pertenencias. Como añadido, estaba el conocimiento.
Y aquí entran todo tipo de detalles. Desde el propio club, su funcionamiento social, el sentir de la gente, el gusto por determinadas formas de jugar o la versatilidad del propio juego. Porque el estilo de la Liga no es su ritmo o la interpretación del espacio, la velocidad de las transiciones o el juego directo, sino lo que provoca que determinados acontecimientos han ido favoreciendo la interpretación que dan todos los equipos a la pelota.
Y no es una cuestión vaga, sino estructural y general. No es atenerse a un porcentaje de posesión o a alinear muchos centrocampistas, sino a valerse de la pelota para construir ventajas o a valerse de la misma para que todo eso no suceda. Si bien la Liga tiene muchos ejemplos de todo tipo de equipos que han triunfado de maneras muy diferentes, el balón tiene un componente muy importante, porque en cualquier momento, para competir, vas a tener que cuidarlo. Vas a necesitarlo.
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Es realmente extraño que en algún equipo de los veinte no haya un centrocampista, un central o un mediapunta que tenga una habilidad técnica y una responsabilidad organizativa que tenga la capacidad, la misión y el mecanismo para darle a su equipo metros, respiro y sentido. Entrenar en España es llegar al continente que entienda lo que significa el balón, medio de todo fin.
David Moyes: “Necesitamos encontrar la manera de que nuestros entrenadores tengan experiencia fuera. Tuve una gran experiencia en San Sebastián a pesar de lo que pasó. Me encontré con posiblemente los mejores equipos del mundo y posiblemente con los mejores jugadores del mundo. Espero ser capaz de usar eso.”
Gary Neville: “Fue una oportunidad increíble, aunque no salió como me hubiera gustado. Pero disfruté cada minuto y aprendí mucho; cosas que me sirven en el día a día. No me arrepiento”.

La Remontada del Barsa

El FC Barcelona remontó un 2-0 en su estadio maldito ante una Real Sociedad que estaba jugando al fútbol de maravilla. Y apenas necesitó media hora para completar la misión. Atravesar por la fase de flujo tiene estas cosas: los partidos a favor se resuelven de forma brillante y los partidos en contra simplemente se resuelven a favor. Y el pragmatismo de Valverde, una vez más, volvió a resultar decisivo.
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Un Valverde del que, desde la posición de privilegio que concede hablar a toro pasado, se puede apuntar que no acertó en su planteamiento. El técnico vasco optó por un 4-4-2 en línea con Gomes y Paulinho en las bandas y Busquets y Rakitic en el doble pivote que pretendía subir su altura y presionar a la Real Sociedad para sumar robos adelantados y atacar desde arriba. Se entiende que, consciente de que la Real no la rifa nunca e iba a forzar para salir raso jugada tras jugada, buscaba sacar partido, pero la iniciación de los de Eusebio fue tan fluida que lo único que pasó fue que la presión culé fue sistemáticamente superada y los de abajo tuvieron que defender a Canales, Willian José y Juanmi en plena desventaja. Es verdad que cortocircuitar la salida de balón de un equipo que la rasea de manera radical es apetitoso, pero también que, con su decisión, Valverde situó la clave de los primeros 45 minutos allá donde la Real Sociedad es, seguramente, el mejor colectivo de la liga española. Y eso desajustó a sus propios medios.
Si bien el motivo principal de la gran iniciación txuri-urdin estribó en su equilibrado reparto de espacios, la inspiración técnica también compareció para ofrecer un plus. En particular lo de Zurutuza fue un auténtico espectáculo, con giros y quiebros propios del número “8” de su adversario, que pudo disfrutarlo o sufrirlo desde el banquillo. Más arriba, ante un Busquets algo perdido y obligado a defender en su propio campo, que es donde menos bien se desenvuelve, Canales cuajó un primer tiempo delicioso asistiendo a Willian José, que fue una pesadilla para Sergi Roberto cayendo a su zona, y a Juanmi, tan avispado como suele. Y entre toda esta distracción, que hacía que Gomes se cerrara demasiado, Xabi Prieto y Odriozola abusaban de Jordi Alba jugando al gato y al ratón: Prieto aguantaba la pelota reclamando su atención, Alba iba y Odriozola le cogía la espalda. Fue bonito y práctico. Pero no lo bastante eficaz. Al descanso, el marcador era 2-1. Atajos que encuentra Valverde por el hecho de contar con hasta tres goleadores de dobles dígitos en el once titular (Paulinho ocupa el 8º lugar del campeonato en la tabla de pichichis). Mientras tanto, Coutinho -el cuarto- va calentando.
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Tras el regreso desde vestuarios, el Barça cambió su actitud defensiva y dispuso un bloque más retrasado y paciente. Sólo presionaba tras sus propias posesiones, cuando la perdía arriba; si no, esperaba más abajo. Es decir, dejó de retar a la Real Sociedad allá donde más recursos posee para pasar a retarle donde se está quedando corto, que es en el desequilibrio en campo contrario. En el momento en el que Zurutuza dejó de desbordar en la base, los pases hacia Canales y cía perdieron calidad y sus actuaciones se desinflaron hasta casi la nada. El empuje de Vermaelen, que realizó un derroche físico imponente para empujar de la defensa hacia el frente y proteger al doble pivote, dominando además el tráfico aéreo y anulando ese comodín de la Real, fue clave. Y roto el ritmo ofensivo local, el propio Barça pasó a tener la pelota más tiempo.

Zidanne y sus recurrencias

El Villarreal CF venció por primera vez en su historia en el Santiago Bernabéu tras un partido cuyo desenlace habría podido sorprender si el Real Madrid no estuviese inmerso en una dinámica tan negativa. Los de Javi Calleja plantearon un encuentro conservador en el que concedieron a los blancos toda la iniciativa tanto con balón como sin él, reduciendo sus avanzadas ofensivas a contras que, sin Bakambu, apenas intimidaron. En cambio, siquiera fuera a golpe de insistencia, continuidad y aplastamiento, el Madrid hizo méritos suficientes para obtener, incluso, una victoria tranquila. Pero como se apuntó, su dinámica es tal que a nadie chocó que en el último contragolpe de la tarde, Fornals, dotado de toda la finura de la que careció su adversario, ajusticiara a un vigente campeón que podría quedarse a 19 puntos del actual líder justo al término de la primera vuelta. En la rueda de prensa posterior, Zidane fue cuestionado sobre qué necesitaba su equipo para salir del pozo. Contestó que “ganar y cambiar la racha”. Y así, confesó sus planes.
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Una de las preguntas que más sobrevuelan la actualidad del Real gira en torno a por qué Zidane no cambia nada si lo que está haciendo no le está funcionando. El técnico francés, que el año pasado probó multitud de sistemas y alineaciones, parece recluido en sus 11 jugadores titulares, el rombo en el centro del campo, el discurso futbolístico de los mil centros laterales y los cambios sistemáticos de Lucas Vázquez por Isco y de Marco Asensio por el delantero que acompañe a Cristiano, que provoca una mudanza del esquema hacia el 4-3-3 cuyo fin reside, precisamente, en centrar aún más -aunque el área esté más vacía-. Como se avisaba, no le está saliendo nunca, pero envite tras envite, repite. ¿Qué pretende?
A este respecto, resulta interesante atender a la declaración de Toni Kroos –uno de los hombres más espesos y sobre los que, a su vez, más confianza está depositando Zidane- tras la derrota frente al Villarreal CF:
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Uniendo ese sentir con la respuesta de Zidane a qué necesitaba su Madrid para retomar el vuelo, se extrae en qué consiste la apuesta del entrenador y del vestuario. Existen dos formas de afrontar una crisis, la primera se basa en transformarse para prevalecer y la segunda, que es la blanca, en cerrar filas y proteger a capa y espada la fe en un modelo a la espera de que la calidad individual de la plantilla enlace un par de triunfos que genere un punto de inflexión y reconstruya la confianza, porque con confianza, está probado que el sistema del Madrid, sobre todo de cara a las eliminatorias del KO, no sólo funciona, sino que es ultra dominante.
Sobre la teoría, alberga sentido. Lo único que tiene el Real a su favor en este momento es su pasado reciente, y se comprende que a su técnico le dé miedo perder eso también. Sin embargo, surgen dudas legítimas acerca de la viabilidad de su plan. Para empezar, porque su calidad más evidente se localiza en el centro del campo, no en el área propia o en la ajena, y así es mucho más difícil encadenar buenos resultados sin buen juego. Y para acabar, porque La Liga española no perdona a los colectivos que adolecen de no mostrar un fútbol compacto.

Un respiro para el Espanyol

Fue el Espanyol de Quique Sánchez Flores el primero en derrotar al Barcelona de Ernesto Valverde desde que comenzó la Liga, y lo hizo tras elevarse a todos los niveles una vez su guardameta, Diego López, detuvo un penalti a Leo Messi, una acción que tuvo el mayor de los significados posibles. Los periquitos administraron esfuerzos desde la inferioridad para terminar imponiéndose por clara superioridad emocional. Literalmente, Cornellá-El Prat se emocionó con la parada de su portero y desde ahí tiró con todo, se abalanzó modificando su altura defensiva y consumó una victoria muy copera. Lo cierto es que incluso hasta ese momento, que dibujó un partido completamente diferente, todo estuvo bien jugado. Y el Barça estaba dominando con cierta holgura.
Con una alineación inédita, sin Luis Suárez, Andrés Iniesta (lesionado), Jordi Alba e Ivan Rakitic, el Barcelona se mandó un mensaje a sí mismo. En un encuentro siempre marcado por una enorme rivalidad, Valverde buscó el silencio. La tranquilidad. Llamó a Aleñá, Aleix, Digne y Denis, retrasó a Paulinho y confió en Busquets y Messi para ser todo lo que buscaba. Quique, fiel a su bloque bajo, no encontró ninguna salida clara en 45 minutos de primer tiempo. El Barça entendió con sencillez el plan perico, consistente en condensar en número la zona con más tráfico y aprovechar la ausencia de Suárez y Alba, los hombres más profundos del líder del campeonato.
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En este dominio culé debe destacarse su ya asentadísima salida de balón, casi nunca comprometida por los rivales y una habilidad para conectar a Sergio con Leo en tres cuartos. Debe señalarse el tremendo impacto que el de Badia está teniendo en las dos mitades. Siempre sobresaliente en campo propio, Busquets prolongó la lección técnica para colocar a los suyos en la senda del dominio cuando cruzaba la divisoria. Con la movilidad de Aleñá, Denis y Paulinho, Messi recibió con comodidad, sin tanta marca, y participando con mucha frecuencia para comenzar a acelerar.
Este Barça, que no se está quedando escaso de nada, volvió a cumplir con otra de sus virtudes: aunque Messi reciba arriba, sus compañeros hacen un esfuerzo sostenible, desde lo táctico y lo físico, para llegar por delante, limpiarle marcas u ofrecerle opciones. Cada arrancada de Messi desde la izquierda en diagonal hacia portería, vio a Digne, Roberto o Paulinho sobrepasar su posición con el balón y darle espacio estirando la zaga blanquiazul. Paulinho, detector de espacios al estilo Thomas Müller, volvió a ofrecer movimientos muy característicos de esta circunstancia. Seguramente la diferencia de calidad en las piezas impidió traducir el buen hacer en sentencia.
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El 0-0, no obstante, se mantuvo y en una segunda parte algo más tímida y dormida, llegó el penalti que lo cambió todo. Tiró Leo, paró Diego y Cornellá se transformó. La acción posterior al duelo entre ambos fue un saque de esquina a favor del Espanyol, que se vio con fuerzas renovadas por el significado potentísimo de haber salvado un gol, de habérselo parado al ’10’. En esas, Quique dio entrada a Melendo y su equipo, que ya estaba protagonizando el encuentro en cada duelo individual y en cada salida exterior, con un Gerard Moreno siempre bailando por zonas vacías, creyó en la victoria. Los pericos adelantaron líneas, tomaron un riesgo que estaba completamente fundamentado desde la oportunidad que le había dado su portero, y consumaron un triunfo en 20 minutos de pura Copa del Rey.